sábado, 25 de abril de 2015

Dejémosle a nuestros hijos a Dios como legado

Llevo unos 4 años aproximadamente leyendo la historia del pueblo de Israel detenidamente. Partiendo desde el momento en que Dios les saco de la servidumbre de Egipto. Es una historia impactante para mí, por las grandes maravillas que Dios hizo a favor del pueblo, y aun así el pueblo desobedecía, aun viendo ellos con sus propios ojos todo lo que Dios hacia por ellos.
Pero entre todo ese acontecimiento lo que más, me asombre y a la vez me preocupa es lo siguiente:
Jue 2:7 Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel.
Jue 2:8 Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años.
Jue 2:9 Y lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas.
Jue 2:10 Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.
Jue 2:11 Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales.
Jue 2:12 Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová.
Jue 2:13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot.
Jue 2:14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos.
Jue 2:15 Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción.
Como padres responsables, que nos preocupamos por la educación de nuestros hijos y su bienestar, con más diligencia debemos preocuparnos por dejarle a nuestros hijos a Dios como legado. Enseñarles a nuestros hijos quien es Dios y lo que ha hecho por nosotros y lo que seguirá haciendo por ellos y sus generaciones si le son fieles y obedientes.
Tenemos que instruir a nuestros hijos en el camino de Dios. Pero instruirlos no quiere decir; llevarlos a la iglesia y dejarlos a sus anchas, haciendo y desasiendo dentro del culto, o fuera en el parqueo. Eso significa: llevarlos y sentarlos a su lado, si es posible, o con los maestro/as que les instruyen en la iglesia. Es decir, que usted y yo, veamos que nuestros hijos e hijas, están en la iglesia escuchando de Dios y su palabra, porque de eso dependerá que cuando usted y yo como padre y madre cristianos muramos; nuestros hijos e hijas continuaran en los caminos de Dios, y a la vez ellos haciendo lo mismo con sus generaciones.
Hay un dicho que se usa popularmente, y que creo que está fundamentado en esta cita bíblica antes leída:
“El pueblo que olvida su historia, está obligado a repetirla”
¡Que Dios les bendiga!

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